La alegria en la estructuracion subjetiva | Patricia Vargas Espitia
Hay que defender la alegría, incluso de la propia alegría.
Mario Benedetti.
Una pregunta de interés para realizar una investigación en psicoanálisis, surgió en torno a los obstáculos a la alegría, al padecimiento del niño y cómo desde la clínica el analista podría contribuir a una movilización de ese padecimiento. Para ello fue esencial pensar la estructuración subjetiva y lo qué causaría la falta de alegría, si se pudiese hablar de "algo en particular" en la estructuración.
La alegría no es un concepto propio del psicoanálisis, pero ¿cuál es el lugar de la alegría para el psicoanálisis? La alegría ¿Se podría ubicar como algo estructural o contingencial? ¿A qué se le podría llamar alegría en los conceptos psicoanalíticos? ¿Tiene algún parentesco con alguno de ellos? ¿Qué sería la falta de alegría?
Para tratar de contestar estas preguntas se realizó una revisión conceptual, primero desde lo epistemológico, luego en Freud y por último en Lacan.
Desde la etimología, la palabra alegría viene del latín alacer, alacris (rápido, vivaz, animado). De ahí también las palabras alegre, alegrar y alegro (a través del italiano allegro).
San Isidoro de Sevilla en Etymologiarium Libri XX nos dice: Astuto viene de astu (inteligencia, habilidad) porque tiene reputación de callado y cuidadoso, puede afrontar cualquier cosa sin correr peligro, Argumentador viene de argumento y se llama así quien inventa mientras habla. Acer (áspero, acre, punzante, ver: ask) es quien se expresa con excesiva vitalidad. Alegre (alacer) tiene velocidad y carrera, habla como si tuviera alas. Armieger, es quien habla como si estuviera armado. Alacris (femenino de alacer, alegre) es felíz, nada la agita o perturba. Ágil es por hacer (agere: ver: agenda, algo rápido, igual que un docente.
Quedémonos aquí con el significado de Alegre y con Alacris, su femenino, que es la palabra que más nos concierne; dice que "habla como si tuviera alas", expresión poética que puede aludir a la fluidez que se nota en quien está alegrese. También se refiere a tener velocidad o carrera y a que nada lo agita o perturba. Sería más en el sentido último el que interesa para este texto, por un lado el que no haya perturbación, puede indicar que no hay sufrimiento, pero por otro lado, el que nada agite o perturbe puede sugerir un estado ideal, de plenitud, de tranquilidad quizá, de no padecer nada, que iría a favor del principio de placer.
Pasemos en este momento a Freud en 'Tres Ensayos de Teoría Sexual' (1905) quien dice que hasta el sexto o el octavo año de vida "reaccionábamos con vivacidad frente a las impresiones, sabíamos exteriorizar dolor y alegría de una manera humana, mostrábamos amor, celos y otras pasiones que nos agitaban entonces con violencia, y aun pronunciábamos frases que los adultos registraron como buenas pruebas de penetración y de una incipiente capacidad de juicio. Y una vez adultos, nada de eso sabemos por nosotros mismos". Agrega que hay fundamento para creer que en ningún otro período de la vida la capacidad de reproducción y de recepción es mayor, justamente, que en los años de la infancia. Parece entonces que la exteriorización de la alegría se va perdiendo con los años y Freud ubica que se da máximo hasta los ocho años. Él dice que para los niños el conocer en sí mismo produce placer, que se podría vincular a la alegría.
En 'El Chiste y su Relación con lo Inconsciente' (1905), Freud dice que la alegría del niño cancela la inhibición crítica, que la alegría del niño tiene un talante particular. ¿Cuál es este talante? No desarrolla esta idea.
Para Lacan en 'Los Escritos técnicos de Freud' (1954), la alegría es una dimensión que está más allá de la categoría del goce, es una plenitud subjetiva, limitada por el carácter, así como éste también limita el amor. Añade que vale tener esto en cuenta en tanto que el análisis puede modificar profundamente el carácter. ¿La alegría podría ser uno de los resultantes que se van desprendiendo con el análisis?
La alegría que ubica Lacan (1939) en el niño la menciona en relación al estadio del espejo, donde al captar una unidad en la imagen le parece a él que domina su propio cuerpo y esto le produce alegría, júbilo. No es la alegría así constituyente, es un efecto de algo que sí lo es, a saber, la idea de dominio corporal a raíz de esa imagen de unidad.
Como en psicoanálisis se trata de situar el nivel de la estructura donde el fenómeno se produce, trataremos en este capítulo de ubicar a la alegría.
Primero, retomando la idea de Lacan de la alegría como plenitud subjetiva, ésta es más bien un fenómeno que a nivel de la estructuración subjetiva se vincula con el estadio del espejo, es el júbilo. Por fuera de lo estructural haría parte de lo contingente, de la historia del sujeto impactada por los significantes, por la palabra pronunciada por esos otros que rodean al niño. Y siguiendo a Freud, La alegría se puede vincular al placer.
Si bien no es estructural al sujeto, si resulta favorable para el sujeto sentirla en diversos momentos de su vida.
En el seminario 'La Relación de Objeto' (1957) Lacan revisa la relación madre-niño, en la cual se trata que el niño se incluya a sí mismo en la relación como objeto de amor de la madre, el ser amado es fundamental. Es importante que él sea "la alegría de mamá", "la sonrisa de mamá" (Imbriano, A. 2010). En esta primera etapa, su alegría se basaría en ese saberse amado, ser importante para el placer materno, no serlo podría ser un obstáculo a la alegría, Es el amor el fundamental aquí, la alegría sería un derivado.
Lo opuesto de la alegría no es la frustración. En el mismo texto, dice Lacan que el niño puede constituir un mundo a partir de sus frustraciones. La noción de frustración es remitida a la primera edad de la vida y se vincula a condiciones reales en la experiencia del sujeto. Está vinculada con la investigación de los traumas, fijaciones, impresiones, provenientes de experiencias preedípicas. Constituye el terreno preparatorio, base y fundamento del Edipo. Modela la experiencia del sujeto y prepara ciertas inflexiones que decidirán la vertiente hacia la que el complejo habrá de inclinarse, de forma más o menos acentuada, en una dirección que podrá ser atípica o heterotípica. Así, la frustración si es necesaria en cuanto a la constitución subjetiva.
La frustración, tal como se vive en el origen, únicamente tiene importancia e interés por cuanto desemboca en la castración o la privación. En realidad, sólo la castración instaura, en el orden que verdaderamente le corresponde, la necesidad de la frustración, lo que la trasciende y la instaura en una ley que le da otro valor. La castración también, por otra parte, consagra la existencia de la privación, puesto que la idea de la privación no puede concebirse de ningún modo en el plano real. Una privación sólo puede concebirla efectivamente un ser que articula algo en el plano simbólico.
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