Surgimiento del psicoanálisis en el pensamiento moderno | John Quintero
Los eventos que allanaron el camino para concebir al hombre de la ciencia actual, fueron numerosos. Esta concepción es resultado de una cadena de acontecimientos que a lo largo de la historia contribuyeron a su generación. Ciertamente toda producción de saber, tanto científico como popular, surge como efecto de alguno de los eslabones que le anteceden en la cadena de hallazgos. Así, cada eslabón, es un paso potencial para una invención o modificación del saber constituido.
En este sentido el origen de la ciencia es insospechado. Su búsqueda podría remitirnos hasta un momento mítico en el cual inicia el funcionamiento del sistema perceptivo con el que concebimos los objetos del mundo. Desde una perspectiva más general, si se acepta la división de la historia en los periodos antiguo, medieval y moderno, podemos situar entre los dos últimos, cinco eventos claves que dieron paso a lo que Edwin Boring (1988) denominó "La Nueva Erudición" (p.28):
Primero, la modificación del sistema feudal a partir de la invención de la pólvora y su implementación gradual en las guerras (S. XIV - S. XV). Esto fortaleció las unidades nacionales y facilitó la ampliación del interés por el conocimiento en función de dicho fortalecimiento. Segundo, la invención de la imprenta (S. XV) y en consecuencia la expansión de las producciones intelectuales. Tercero, la caída Constantinopla (1453) a cargo de los turcos. Esto permitió la transmisión de su cultura hacia occidente a la vez que los sabios italianos mostraron interés por la civilización griega. Cuarto, el descubrimiento de América en 1492 y con él la preocupación por los negocios, el comercio y la adquisición de tierras. Por último, la teoría heliocéntrica de Copérnico, publicada en 1543, que descentró al hombre de su posición antropocéntrica respecto al universo al derrumbarse el enfoque geocéntrico que la sostenía.
Toda esta actividad promovió un clima intelectual amplio y diverso. Los hallazgos de Kepler (1571-1630), Galileo (1564-1642), Newton (1642-1727), la notoria evolución de la máquina de vapor a lo largo del siglo XVIII, entre otros, hicieron de esta época un periodo determinante para la ciencia moderna. Simultáneamente las sociedades crecían procurando consolidar sus propios sistemas de gobierno y su economía (Boring, 1990).
En medio de tal pluralidad, René Descartes ([1637]-2007) introdujo un componente decisivo para el pensamiento moderno: "la razón como facultad para distinguir lo verdadero de lo falso" (p. 16). Su propósito no fue el de "enseñar el método que cada cual ha de seguir para conducir bien su razón, sino mostrar de qué modo [él ha] procurado conducir la [suya]" (p.15). El efecto de su pensamiento fue ubicar un nuevo eslabón en el cual el hombre se ubica como agente de conocimiento. Esto es, un yo pensante cuyo fundamento es "je pense, done je suis" (p.38).
Aunque esta actitud hacia el conocimiento tiene un lejano antecedente en Aristóteles, el cógito cartesiano es para muchos el punto cero del sujeto de la ciencia. Esto, en tanto "su método se dirige a traducir la estructura de la realidad en una estructura de conocimiento, porque la realidad fenoménica está estructurada como la razón" (nota del traductor, p.6). De allí que Descartes sea importante para la ciencia moderna en su conjunto.
Para la psicología lo es en cuanto su legado provoca una escisión irreparable que perfila el estudio acotado de los procesos de la mente. Es decir, no hay psicología posible sin tal escisión. Para la medicina y para el psicoanálisis lo es, en tanto se interesa por la máquina y su relación con el funcionamiento orgánico.
Al asociarse el funcionamiento del organismo viviente a las propiedades de la máquina, se genera una pauta para lecturas posteriores. Vaucanson, La Mettrie, Claude Bernard y la ciencia médica moderna son muestra de ello. Las ideas mecanicistas penetraron el pensamiento médico y cultivaron gradualmente la ruptura con la noción de naturaleza incorporada en la medicina tradicional.
De lo anterior se deriva una modificación en la práctica médica que pone en duda su estatuto clínico en la ciencia moderna. Del estudio y observación de los temperamentos particulares se pasó a auscultar el déficit de la máquina orgánica. Bastó una revolución industrial para que se produjeran "agentes terapéuticos nuevos, químicos o biológicos, que (el mundo científico) coloca a disposición del público, y le pide al médico, cual si fuere un distribuidor, que los ponga a prueba" (Lacan, 1966b, p.90).
Dicho esto, la práctica médica moderna, con el impulso de nuevas tecnologías, se inclinó hacia el terreno de la especialización técnica relativizando su carácter clínico original. Aunque no sea el objetivo de este trabajo despejar específicamente el fondo de tal asunto, se considera útil su formulación a fines de observar lo sucedido con Freud y el surgimiento del psicoanálisis. En ese sentido, este recorrido podría presentar algunas pistas a quien interese rastrear en profundidad la relación entre clínica, técnica y tecnología, en la práctica médica.
Lo que se propone en este punto es una reflexión sobre la relación entre el médico Freud y el pensamiento moderno en el cual se inscribe. Vale la pena subrayar esta aclaración para no dar lugar a una homologación metonímica entre Freud y la medicina, en tanto disciplina. Freud es un médico, no es la medicina en cuanto tal. Desde allí se puede ubicar en un lugar razonable la posibilidad que ofrece el legado freudiano, tanto para los médicos como para los no médicos, de reflexionar sobre la función de quienes ejercen esta actividad en la época actual (Lacan, 2006b).
En los años 1954 y 1955, el médico Jacques Lacan propone su segundo seminario titulado 'El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica' (2006a). En este trabajo, hay un recorrido que permite apreciar con más claridad la ruptura epistemológica que introduce Freud en su propia práctica.
Un comentario que Lacan realiza sobre la investidura del médico en el apartado 3 de la clase 6, permite situar este asunto.
Hablemos de cosas elementales. Freud es un médico pero nació poco más o menos un siglo después de Hegel, y en ese intervalo pasaron muchas cosas que no carecieron de incidencia sobre el sentido que se le puede dar a la palabra médico. Freud no es un médico como lo habían sido Esculapio, Hipócrates o San Lucas. Es un médico más o menos como somos todos nosotros. Un médico que, en síntesis, ya no es un médico, como nosotros mismos somos un tipo de médico que ya no pertenece en absoluto a la tradición de lo que siempre fue el médico para el hombre. (2006a, p.116).
El comentario llama la atención por tres razones: primero, porque el médico Lacan señala la existencia de un tipo de médico que ya no es, respecto a la tradición. Segundo, porque señala un intervalo entre Hegel y Freud en el que sucedieron cosas que inciden sobre la acepción de la palabra médico. Una tercera razón, como hipótesis derivada de las dos anteriores, considera la posibilidad de que la concepción de hombre resulte decisiva en la distinción de una práctica que es clínica y otra que no lo es, aunque suela nombrarse como tal.
Cuando Lacan se refiere a un tipo de médico que ya no es, no trata de plantear una escueta clasificación entre los que ejercen medicina. Pareciera indicar un proceso de transformación de la práctica médica explicado desde la perspectiva del pensamiento moderno. Algo sucede con la práctica médica en este período, que resultó determinante en su curso posterior.
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