La constitución de la función semiótica | Valeria Marques - Cecilia Satriano

La constitución de la función semiótica

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El lenguaje funciona. El lenguaje "vive" y "respira" independientemente de cualquier sujeto humano. Los parlantes, más allá de simplemente usar el lenguaje como un instrumento, también son usados por éste, son juguetes del lenguaje.

El lenguaje tiene vida propia. El lenguaje como Otro trae consigo excepciones, expresiones y léxicos (vocabularios y argots, dialectos, tecnopalabra especializada y dialectos subculturales). El lenguaje evoluciona con el tiempo, su historia se relaciona con la de los seres que lo hablan, que no son simplemente moldeados y remoldeados por este, pero también le causan un impacto. (FINK, 1998, p.32).

El ser humano es un animal simbólico que se constituye como sujeto y amplia su capacidad de interacción, por medio de la función semiótica o simbólica. Pero también, la función semiótica tiene la capacidad de generar imágenes mentales.

Cuando los hombres interactúan con el medio crean a la vez, a sí mismo como también forman su realidad, se interiorizan de las informaciones y se construyen/reconstruyen a sí mismos.

La capacidad de representarse a sí mismo y a la realidad que lo rodea, le permite crear nuevos mundos, favoreciendo su humanización como así también su problematización y enriquecimiento.

Por otra parte, la familia y en especial la figura materna tiene un papel primordial en este proceso, visto que el sujeto se constituye a partir del Otro.

Se estrutura a través del lenguaje como movimento de interacción constante. En este movimiento se produce la función semiótica la cual atraviesa tanto la constitución del sujeto del deseo, así como la estructuración del sujeto del conocimiento.

En este sentido son varios los elementos que influencian la producción simbólica: los registros mnémicos, el enlace libidinal, las experiencias significativas, la calidad de la interacción, la capacidad de operación de las imágenes, etc.

Se concluye por lo tanto que la función simbólica no pre-existe al sujeto y ella no es el resultado de la presión externa, sino que la cualidad de interacción del investimento simbólico es lo que interviene en este proceso. De esta forma situaciones inadecuadas pueden conducir a la precarización simbólica, comprometiendo tanto la constitución yoica como la estructuración y actividad cognitiva.

Por lo expuesto, este artículo intenta establecer una discusión sobre precarización simbólica a partir de la mirada psicodinámica que incluye los procesos de investimento libidinal y la perspectiva cognitiva que implica la propia estructuración. Las teorías freudianas y piagetianas fundamentan este debate.

Proceso de simbolización en los niños: constitución del sujeto deseante

Las condiciones de constitución del psiquismo trascienden los modelos sociales e históricos, y tienen un carácter organizador y permeable a los nuevos modos de producción de los fantasmas singulares.

Consideremos que si la concepción de niño depende del contexto en donde se desarrolla, el síntoma de niño puede responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar y responder a la verdad de la pareja, la cual conforma en la actualidad, una variación muy importante.

Entonces, cuando hablamos de la fundación de lo originario se hace referencia a la constitución de la subjetividad y de todas aquellas representaciones que fundan el inconsciente. A la vez, son las transformaciones que dan cuenta del movimiento desde lo humano a lo sexuado y que están conformados por los significantes del deseo de los padres, lo cual da forma a la matriz simbólica que constituye la subjetividad del niño.

Los denominados condicionantes subjetivos son las relaciones con los primeros objetos, producen las improntas que conformarán las matrices de los modos de relacionarse con estos objetos.

Así la constitución subjetiva es la consecuencia del entramado representacional e identificatorio que conforma la subjetividad del niño y que le sirve para constituir sus referencias sociales.

Los grupos de referencia y pertinencia son los que brindan las condiciones de constitución de la subjetividad, permitiendo establecer la inscripción y la transmisión de los dispositivos de intermediación. Por esa razón, la función que cumplen los adultos es reguladora, metabolizadora del ambiente o mediatizadora de la realidad que se le presenta al niño.

La producción subjetiva está formada por todos los aspectos que hacen a la construcción social, incluyendo modos de producción y reproducción ideológica, que se encuentran en los espacios próximos al niño. Es decir, la familia como forma social, con sus vaivenes y cambios. La presencia del otro es inseparable a la organización misma del sujeto.

En este sentido, la posición subjetiva se juega en una doble intersección:

Como consecuencia de la represión se produce un extrañamiento, que es el proceso mediante el cual algo o alguien se vuelven extranjero. Su importancia es que marca los lugares que definen y fijan las representaciones al inconsciente.

Allí se produce una diferenciación cuando una parte de uno mismo sobreviene ajeno. De esta manera el espacio materno deja de ser una continuidad y se desencadena la intersubjetividad.

Los procesos de simbolización se ordenan partir de la misma constitución subjetiva, la cual se produce a partir de la relación con el otro. Cuando se produce la separación, el niño queda ligado a través de las estructuras significantes formada por lógicas de representaciones y significantes paternos que le preceden.

A partir de la experiencia con el otro es que se instituye la sexualidad, entendida como plus de placer y no se reduce la auto conservación (madre-bebé). También es fundante del mantenimiento de las mutaciones del yo y propicia las diversas ligazones en lo social. Es decir, la madre es quien introduce el alivio en la tensión biológica y las que vienen del orden sexual mediante diversas simbolizaciones que son las que constituyen el progreso psíquico.

La función materna, por su parte, es capaz de generar un plus de placer que va más allá de la necesidad, permitiendo la apertura de los sistemas deseantes.

El yo del niño se constituye por el Ideal del yo desde donde es mirado, deseado, hablado, ofreciendo al niño una imagen que lo representa. Es el producto del pensamiento de la madre y en este sentido es pensado por el otro.

Es por eso que el yo debe advenir por medio de la pareja parental y lo que se desprende de su discurso. Pero, por sobre todo del narcisismo materno que es el único que puede ser el receptáculo del amor del yo, antes que se estructure como instancia psíquica en el niño y que la propia represión originaria fije al inconsciente las representaciones que lo organiza.

La sexuación es lo que permite desprender al niño de su madre e instalar una diferencia. Uno de los significantes primordiales es aquel que le da su ubiquidad a través de la nominación propia. Por eso se dice que el niño es un objeto enlazado a la estructura del deseo del Otro mediante el lenguaje, asimismo a los fantasmas que sostienen las funciones parentales.

Proceso de simbolización del niño: estruturación del sujeto del conocimiento

El proceso de simbolización infantil también puede ser pensado bajo otro prisma como es la estructuración del sujeto del conocimiento. Es decir, desde el aspecto cognitivo que es donde prevalecen los procesos secundarios: la conciencia y el pensamiento lógico.

Aunque los esquemas motores y mentales sean característicos de la especie, su substrato es singular, pertenece a cada sujeto en la interacción con sus pares y su historia. El recién nacido está en un estado de total dependencia con su semejante quien debe garantizarle su supervivencia. El nacimiento biológico no lo determina o lo completa, el aspecto psico-social lo fundamentará.

La concepción de infancia influenciará su lugar en el grupo y la formación de su pensamiento. La primera unidad social es la familia, responsable por el alimento del cuerpo y de la mente, puede influenciar de modo positivo o negativo en el niño.

La función semiótica es atravesada por contenidos afectivos y socio-culturales. La inteligencia es una actividad organizadora a partir de la cual puede enfrentar obstáculos de orden afectivo o estructural. Por ejemplo, un niño que tenga un déficit orgánico y que comprometa su aspecto cognitivo podrá potencializar sus instrumentos mentales y superar algunos obstáculos con el estímulo familiar y social.

En contrapartida, un niño sin déficit orgánico podrá comprometer su aspecto cognitivo si sus instrumentos mentales fracasan en el enfrentamiento de obstáculos, o no reciben estímulos afectivos, psico-sociales adecuados. Entonces, la relación pensamiento y lenguaje es estrecha y mutuamente influenciable, a la vez que es interdependiente e indisociable.

En el mismo trajinar de la estructuración del sujeto del conocimiento, la función semiótica permite que el sujeto pueda operar con el objeto en ausencia del mismo. Cognitivamente, esto significa afirmar que él selecciona y capta informaciones del medio (externo o interno), las organiza internamente y las utiliza en la toma de una decisión puesto que puede anticipar, prever, operar, modificar eventos ocurridos o imaginados, tan solo utilizando imágenes mentales.

Siendo así, la función semiótica amplia sus herramientas adaptativas y sus oportunidades de éxito a través de la reversibilidad operatoria haciendo que el pensamiento pueda tener características tanto anticipatorias como retroactivas. Pero, ¿como ocurre este proceso?

Partiendo de la acción motora se puede ascender a la acción mental y llegar a la abstracción formal. Esto implica un largo desarrollo en el cual no todos pueden lograrlo. Las personas con deficiencia intelectual tendrán perjuicios e inconvenientes en este proceso.

Dentro de una perspectiva cognitiva, la función semiótica tiene sus comienzos en el estadio sensorio-motor descrito por Piaget (1978). No basta la acción, ella necesita ser interiorizada por eso es importante la función que cumple la cultura, que permite constantes cambios que se revelan en el lenguaje.

De la misma manera que el niño se apropiara a través de la acción del conocimiento del otro, así también el sujeto adquiere significado a través del verbo. Antes de nacer, a través del discurso de los padres, después como réplica de ese discurso, en el eco y en la repetición.

Este niño tendrá que ser hablado, dicho; es decir tendrá que ser un verbo en acción. Pues la estructura no basta, falta la formación de sílabas, el trabajo de articulación progresiva, y repetición, la generalización para que el discurso transite, se sustraiga y comande (PAIN, 1987, p.17).

En la interacción con el mundo externo, el bebé tiene la oportunidad de salir de la acción a través de la palabra. En el inicio hay necesidad de índices o señales para traer la imagen del objeto.

La presencia del mismo se va diluyendo hasta necesitar cada vez menos del objeto concreto. El sujeto produce un pasaje desde el periodo pre-operatorio, transitando por algunas vicisitudes hasta constituir el objeto permanente y aprende a operarlo. Aún habrá un largo recorrido por delante que es lo que instaura la división entre el hombre y lo animal. Esto abre la posibilidad del proceso que llevará desde el uso de signos hasta la instauración de la palabra.

Entonces, la palabra es el medio para centrar activamente la atención, abstraer determinados trazos, sintetizarlos y simbolizarlos por medio de algún signo. La significación es dada por la relación entre sujeto y el ambiente, a través del mediador. En este caso, se destacan el contexto familiar y el contexto escolar.

Una vez desarrollada la capacidad de representación, el sujeto puede diferenciar: significante de significado, interiorizar las acciones que antes eran motoras y ahora son acciones mentales.

La constitución de la función simbólica le posibilita esta diferenciación, permitiendo el fortalecimento de la interiorización de las acciones. Aunque la capacidad de operación pertenezca a la especie, aun así exige la actividad del sujeto en la interacción con el medio y operación mental.

Tanto la interiorización como la reversibilidad son características de la operación (PIAGET, 1978).

La interiorización representa una reconstrucción del real en el plan del pensamiento, que teóricamente se divide en lato sensu (en sentido amplio) y stricto sensu (en sentido estricto) (Figura 1). La interiorización es denominada representación lato sensu cuando indica sólo la capacidad de lectura de la realidad.

La representación stricto sensu va más allá. No se trata solamente del registro interno, sino que esta es leída con la denominada operación. Es dividida en dos aspectos: figurativo y operativo

El primer aspecto figurativo trata de las configuraciones mentales en oposición a la transformaciones, guiado por la percepción y sostenido por la imagen mental que se apoya en el pensamiento estático, forma "retratos" de la realidad.

El segundo aspecto es operativo y trata de las transformaciones, es decir todo lo que modifica el objeto, a partir de la acción hasta las operaciones, superando la restricción de la acción motora hasta llegar a la operación de las acciones mentales. (PIAGET, 1978).

Se puede establecer una relación entre procesos figurativos del conocimento y la abstración empírica (o pseudo-empírica) y los procesos operativos del conocimiento y la abstración reflexiva o reflexionante (PIAGET, 1995).

imagenLa operación de reversibilidad puede distinguirse de dos formas: inversión (negación) y reciprocidad. En el nível del pensamiento concreto, la inversión (negación) envuelve la clasificación y la reciprocidad envuelve las relaciones.

Estas acciones están presentes en el estadio del pensamiento sensorio-motor, el cual no ocurren en el vacío sino que son provocados en la interacción sujeto-medio. Los desafíos externos favorecen el desarrollo cognitivo.

Lo afectivo da la energía para el procesamiento de información. La ignorancia tiene estrecha relación con el deseo de saber. Esta ignorancia apunta a un movimiento que requiere ser llenado, pero que jamás lo será.

En algunos niños que presentan condiciones simbólicas empobrecidas o son poco estimulados tienen una escasa actividad cognitiva. Tienden a la ritualización o manifiestan incapacidad para enfrentar los desafíos. Este vacío reverbera en una baja auto-estima y en la falta de compromiso tanto en su constitución psíquica como en su estructuración como sujeto del conocimiento.

Precarización simbólica: consideraciones sobre el impacto en la constituición del sujeto

La separación razón y emoción, aspecto cognitivo y afectivo, sólo es posible en un escenario de estudio teórico. Pero existe una confluencia de símbolos procesados en la lógica del deseo y en la lógica del conocimiento que pugnan entre sí.

El acto de aprendizaje genera ansiedad que puede asumir características e intensidades distintas, cada qual con un destino que podrá ser positivo o negativo. El cambio provocado por un aprendizaje genera ansiedades que pueden movilizar no sólo al sujeto del aprendizaje, sino también a su contexto más próximo.

Algunos escenarios pueden crear obstáculos o inhibir la actividad simbólica del niño, en estos casos el proceso puede fallar y el sujeto no puede usufructuar su potencial y adolecer psíquicamente, produciendo una precarización en los investimentos libidinales y estructurales.
Los niños en contexto de pobreza económica pueden sufrir un descenso del investimento libidinal y en este caso, componer el grupo de riesgo psicosocial.

Se considera que las situaciones de privación social en las que viven algunos niños pueden producir una precariedad en los investimentos libidinales, y producen efectos sobre la constitución yoica y la percepción de si mismo (SATRIANO, 2007, p.9).

También integran este grupo niños que viven en contextos que le producen baja estimulación afectiva y psicosocial. Los grupos estigmatizados, por ejemplo, las personas con deficiencia intelectual pueden sufrir de precarización simbólica, ya sea en su aspecto afectivo o cognitivo.
Si un niño con deficiencia queda aprisionado en la herida narcísica de la madre, por ejemplo, este corre un alto riesgo de enfrentar obstáculos en su constitución psíquica. Puede tener dificultades en la constitución como sujeto y quedar aprisionado en el lugar de objeto de deseo de la madre.

En ambientes con desarrollo educativo relevante, si la imagen del niño con deficiencia intelectual es aprisionada a la incapacidad, surge la tendencia a la sobreproteción y la baja calidad de enseñanza, sin desafíos o situaciones planeadas de conflictos cognitivos.

Si el profesor juzga a un alumno a partir de un rasgo o característica determinada (efecto halo), lo impulsará para corresponder con una baja expectativa, sin relacionar el hecho de una baja calificación con la estimulación pedagógica. Los resultados bajos podrán fortalecer la justificación del profesor de baja inversión simbólica, cuando concretamente es esta actitud la que dificulta o impide la riqueza simbólica del alumno.

El niño con deficiencia intelectual no presenta necesariamente dificultad de aprendizaje y pero sí un ritmo propio en la construcción del conocimiento.

Toda actividad simbólica es la manifestación de un lazo entre significante y significado, que se caracteriza porque no es totalmente arbitrario e implica una terceridad. Estos procesos son el enlace entre el lenguaje y el contexto. Los fallos en la constitución psíquica llevan estos niños a un riesgo potencial sobre su desarrollo personal, su inserción escolar y a cualquier situación de aprendizaje. Por esta razón, se deben analizar las fallas de la regulación afectiva a partir de la precarización simbólica y de las dificultades provenientes de los transmisores parentales, asímismo considerando las consecuencias que producen estos obstáculos, tanto en el ámbito educativo como en la salud (SATRIANO, 2007, p.10).

De esta manera, reflexionar sobre los efectos que generan las situaciones de precarización simbólica significa incluir la regulación afectiva que conforman la propia subjetividad. El deseo de los padres, así como el deseo de los profesores, influencia la matriz simbólica y consecuentemente la subjetividad del niño.

Las matrices de los modos de interacción con el objeto pueden ser alteradas, las figuras significativas pueden ofrecer modelos de identificación satisfactorios o no.

Los adultos son mediadores entre niño y la realidad; y en este proceso están presentes los valores, así como la ideología. En situaciones como esta, no cabe la fragmentación del sujeto y sí un mirar complejo que busque delinear el sujeto en movimiento (MARQUES, 2005). Razón y emoción están presentes en la constitución del sujeto.

El mirar micro, en la singularidad, en la especificidad, en el mundo interior deben estar en conexión con el mirar macro, de todos los sub-sistemas del cual el sujeto forma parte, influencia y es influenciado por la familia, la escuela y la misma comunidad.

Conclusión

La constitución de la función semiótica puede ser analizada en sus aspectos dinámicos o estructurantes. El ser humano nace con la posibilidad de su constitución, la que se da a partir de la entrada del mundo humano, en la relación con el otro.

El aspecto biológico no es suficiente por sí sólo para elevar el recién nacido a la condición de sujeto. El nacimiento psico-social adviene con la inserción en la cultura y en la interacción con los pares. Es necesario encontrar alternativas para que el sujeto se reconozca y pueda optar, tomar decisiones y asumir sus elecciones.

La precarización simbólica provoca grandes desventajas para el desarrollo humano. Esto puede ser revertido en la coordinación de acciones de salud, educación, desarrollo social, entre otros, coordinados en la política pública.

Dos instituciones se destacan, la familia y la escuela. La familia debe asumir la responsabilidad con sus miembros, principalmente los niños.

Por su parte, las funciones parentales, precisamente la función materna y paterna necesitan de sus representantes. Esta función es independiente del aspecto biológico, en ella se destaca el papel del discurso, del enunciado.

Esta reflexión se extiende a la escuela. Ella no debe ser una fábrica de autómatas y sí de sujetos. Donde hay aprendizaje hay movimiento, hay emoción, hay conflictos, hay vida. Hay posibilidad de conocerse/reconocerse en el mirar, en la interacción con el semejante. El lenguaje debe ser utilizado para favorecer la constitución del sujeto del deseo y del conocimiento, y no para el adiestramiento de la sumisión y control opresor.

La acción profesional comprometida con el cambio no se restringe a la intervención puntual, pero intenta movilizar varias instancias y concientizar en cuanto la necesidad de una visión crítica de la realidad.

Por lo tanto, se hace necesario el trabajo interdisciplinar visto que un profesional puede ejercitar el mirar fluido, pero no puede trabajar en diferentes frentes simultáneamente.

Como desdoblamiento de las discusiones presentes en este artículo, podemos inferir la importancia de considerar la precarización simbólica, porque contribuye en la limitación del deseo del sujeto y atrapamiento de su estructuración cognitiva.

Las conexiones entre los puntos de vista psicodinámico y cognitivo pueden formar una red que colabore para el mirar fluido, la visión crítica y la construcción de una nueva praxis del profesional del área de educación y salud.

Referencias

  • AULAGNIER, P.(1989) La violencia de la interpretación. Amorrortu. Buenos Aires.
  • CASTORIADIS CORNELIUS(1975) La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets . Barcelona.
  • FINK, B. (1998) O sujeito lacaniano: entre a linguagem e o gozo. Zahar. Rio de Janeiro.
  • MARQUES, V.(2005) Ruptura epistemológica e psicologia: a importância do olhar fluido. tese de doutorado em Psicologia. Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ). Rio de Janeiro.
  • PAIN, S. (1987) A função da ignorância: a gênese do inconsciente. Artes Médicas. Porto Alegre.
  • PIAGET, J. (1978) A formação do símbolo na criança: imitação, jogo e representação. Zahar. Rio de Janeiro.
  • _________. (1995) Abstração reflexionante: relações lógico-aritméticas e ordem das relações espaciais. Artes Médicas. Porto Alegre.
  • SATRIANO, C. R. (2007) Intervenciones com niños em contextos de precarización simbólica. Rosário. U.N.R.
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