Las palabras en lugar de las cosas | Amelia Haydée Imbriano

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A modo de epígrafe:

"Medio siglo de freudismo aplicado a la psicosis deja su problema todavía por pensarse de nuevo".(1) " Acaso no es verdad que el lenguaje nos impone el ser y nos obliga como tal a admitir que del ser nunca tenemos nada?"(2)

Las palabras sometidas al proceso primario

Para Freud el sueño constituía una de las vías reales de acceso al inconsciente, y en un primer momento para la compresión del delirio estuvo inclinado a subrayar sus similitudes. No obstante en 1911, el estudio de las Memorias de Schreber introdujo una primera ruptura en la analogía, revelando al delirio como una tentativa de curación. La distinción se torna más importante en 1915, en el artículo sobre El inconsciente y en 1917 en el Complemento metapsicológico de la teoría del sueño. Respecto a la esquizofrenia, destaca que "son las propias palabras en las cuales estaba expresado el pensamiento preconsciente las que se convierten en objeto de elaboración por el proceso primario; en el sueño, no son las palabras sino las representaciones de cosas, a las cuales las palabras han sido reconducidas. El sueño conoce una regresión tópica, la esquizofrenia no; en el sueño, el comercio entre las cargas de palabra (pcs) y las cargas de cosa (ics) es libre; lo que permanece característico de la esquizofrenia, es que dicho comercio está vedado(3).

A partir de ello surge una consecuencia de gran importancia: la interpretación analítica, que se sostiene de la multivocidad de las palabras e indica los puentes verbales que vinculan campos de materiales diferentes, no podría resultar operativa con el esquizofrénico. Para este último, las palabras están sometidas al proceso primario. Están condensadas y transfieren sus cargas unas a otras, sin resto, por desplazamiento; el proceso puede llegar tan lejos que una sola palabra, apta para ello a causa de sus múltiples relaciones, asume la vicaría de toda una cadena de pensamientos, esa palabra se convierte en un neologismo4. En su "tentativa de curación" encaminada a recuperar "los objetos perdidos", el esquizofrénico es conducido a tener que "contentarse con las palabras en lugar de las cosas"(5).

La primordial importancia de las perturbaciones verbales en las psicosis, esa tendencia de las palabras a copular entre ellas, constituye un rasgo clínico esencial, subrayado tanto por Freud como por Clérambault, Lacan y muchos otros psiquiatras antes que ellos (Tanzi, Séglas, Sante de Sanctis, Cénac).

Desde 1896 hasta 1938, Freud nunca dejó de considerar que el campo onírico de las psicosis debe ser claramente diferenciado del de las parafrenias. Para Clérambault, el fenómeno verbal que constituye el eco del pensamiento, caracteriza al automatismo mental, y no se encuentra en el sueño. En la esquizofrenia el proceso primario se apodera de las representaciones de palabras preconscientes.

La convergencia entre Freud y Clérambault orientará a Jacques Lacan en los años 1950.

Sobre el neologismo en psicoanálisis

A partir de discriminar entre fenómenos de código y de mensaje es posible distinguir las funciones de los puntos de entrecruzamiento organizados por un movimiento de retroacción: A, como lugar del código del Otro y S(A) como puntuación y momento en el que la significación se constituye como mensaje ya elaborado. En el caso de las psicosis, la estructura de retroacción está completamente alterada, produciéndose una especie de inversión de la temporalidad en la aparición de la significación. En esta circunstancia, el sujeto se encuentra, en su trayecto de pasaje imprescindible por el lugar del Otro, con una respuesta: el fenómeno elemental. Entre estas respuestas se encuentran, entre otras, los mensajes de código que constituyen el neologismo, una significación que permanece irreductible a otra significación, ya que la significación neológica sólo reenvía a ella misma y hace posible el encuentro de un nuevo código en el lugar del Otro.

Si bien el neologismo es mencionado como una característica de las psicosis, en tanto que alteración del lenguaje y síntoma negativo, su función y su construcción comporta un efecto de cura.

Fallo en la construcción de la realidad

Freud ha señalado muchas veces la necesidad de un proceso previo de expulsión para que un sujeto estructure la realidad. En La interpretación de los sueños hace del movimiento del deseo una búsqueda de objetos que procuren la primera satisfacción de la necesidad. A causa del imposible encuentro de esos objetos perdidos, "en un estado primitivo", nos dice, el niño es conducido a alucinar la realidad(6). Por lo tanto, el fundamento de esta última se apoya en una anticipación alucinatoria que a continuación se enmarcará en referencias imaginarias y simbólicas.

La teoría freudiana del nacimiento del mundo objetal, desde La interpretación de los sueños hasta el artículo sobre La negación, veinticinco años después, nunca ha dejado de insistir en la necesaria pérdida "de los objetos que en el pasado había procurado real satisfacción", para que el sujeto pueda elaborar la prueba de la realidad. El objeto perdido, intuición retomada y desarrollada por la intervención del objeto a lacaniano, crea un lugar vacío en el cual todo objeto debe insertarse para formar parte de la realidad. El marco del fantasma solo se instaura centrado sobre esa falta estructurante. Toda percepción es una construcción libidinal. Cuando la pérdida no ha podido efectuarse de ninguna forma, el objeto autístico da ejemplar testimonio de lo que ocurre.

En el delirio, la vacilación inicial de la realidad está en relación con una carencia de su fundamento, el objeto a retorna obturando la oquedad de la causa del deseo. A partir de entonces llega a faltar en el Otro ese punto de desvanecimiento que permite al sujeto tomarse como el enunciador de su propio discurso. Al no estar ya incompleto, el otro tiende a hacerse presente, favoreciendo la aparición de sentimientos de influencia (imputación al Otro), y de la fenomenología heterogénea habitualmente descrita por el término polisémico de "delirio".

En la esquizofrenia, liberada de sus sujeciones a la significación fálica, el objeto a se pone a pulular. Invade la neo-realidad delirante, igual que polariza lo esencial de las cargas libidinales, puesto que en adelante el goce ya no está localizado por el significante, la interpretación del material resulta de escasos efectos para modificar la posición subjetiva.

A partir de 1966, Lacan propone un enfoque del psicótico como "sujeto de goce"(7), concepción que precisará en sus elaboraciones posteriores, cuando separa dos clases de goce. El que se caracteriza por escapar a la función normalizante del significante fálico, es llamado "goce del Otro". Este encuentra la forma más ejemplar en la melancolía, cuando el sujeto se reduce a su ser de desecho, con el objeto de servir a la maligna voluntad de Otro todopoderoso. Es característico de la posición del esquizofrénico ser atormentado por un goce sin ley ni marco. Alucinaciones insistentes, plenitud de la mirada, sujeción a objetos concretos irrisorios, temor al veneno, perturbaciones hipocondríacas, tentativas de mutilación, pasajes al acto, etc.; en todas esas sintomatologías, se asocia un hacerse presente del objeto a con discursos delirantes impotentes para limitar la emergencia de un goce deletéreo. No obstante ocurre que ciertas formas de delirio consiguen extinguir esas manifestaciones parásitas reuniendo lo esencial de los investimentos libidinales del sujeto sobre la construcción significante sistematizada.

La forclusión del significante del Nombre-del-Padre suscita una carencia de la significación fálica que desconecta al objeto a de su dependencia de la cadena significante. Resulta de ello una deslocalización del goce. En el campo del lenguaje ciertos significantes se vuelven autónomos y adquieren un carácter objetal. Cuando se revelan en su materialidad de letras, el sujeto es conducido a concederles un peso particular. El fenómeno del aislamiento de esos elementos, a causa de la ruptura de la cadena significante, se deja captar de manera muy pura en los neologismos, que el esquizofrénico padece y no les opone reacciones expresas.

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