La imaginación en la Crítica de la Razón Pura de Kant | Patricia Frey
En la Crítica de la Razón Pura de Kant, la imaginación ocupa un lugar fundamental como condición de posibilidad del conocimiento. A primera vista, llama la atención que Kant no haya presentado en forma sistemática una doctrina explícita sobre la imaginación a pesar de adjudicar a esta facultad una función tan original en el conocimiento humano. La originalidad de la concepción kantiana de la imaginación reside básicamente en su función transcendental que debe realizarse según reglas universales y necesarias para cumplir una función válida en el conocimiento objetivo. Esto no sólo significa que la imaginación deja de producir imágenes de manera caprichosa, sino que además se somete a reglas que no derivan de la experiencia. Por estar sometida a este tipo de reglas, la imaginación pertenece a la espontaneidad, que Kant considera como un elemento fundamental para el conocimiento de objetos.
Para comprender este aspecto de la filosofía kantiana, debemos tener en cuenta que existe una clara distinción entre la receptividad y la espontaneidad de nuestras representaciones. En principio, podemos decir que Kant define la sensibilidad como la receptividad de nuestra mente para adquirir representaciones a través de la afección. En cambio, el entendimiento es la facultad que tiene el sujeto de producir ella misma sus propias representaciones. En esta última facultad reside la espontaneidad del conocimiento (1). Es decir, la espontaneidad del conocimiento es la actividad efectuada por el propio sujeto cognoscente y que, por lo tanto, no puede derivarse del objeto. Esta espontaneidad permite sintetizar la multiplicidad sensible como condición de posibilidad de la experiencia (2). Esta espontaneidad no debe considerarse simplemente como una actividad arbitraria del sujeto. Por el contrario, debe comprenderse como la actividad del sujeto de producir sus propias reglas y de someterse a ellas. Por lo tanto, puede decirse que la imaginación es espontánea porque se fundamenta en las reglas que el sujeto produce espontáneamente.
Sólo en algunos pasajes de la Crítica Kant utiliza de manera explícita el concepto de espontaneidad para caracterizar la función de la imaginación. Por ejemplo, la espontaneidad aparece en la primera versión de la Deducción Transcendental de las Categorías de 1781 (Deducción A) como el fundamento de la síntesis de la reproducción en la imaginación. En la segunda versión de la Deducción Transcendental de 1787 (Deducción B), la síntesis de la imaginación es caracterizada como un ejercicio de la espontaneidad. En el mismo pasaje, Kant afirma que la espontaneidad es la característica que permite distinguir entre la función productiva y la función reproductiva de la imaginación. Además, Kant atribuye la misma espontaneidad a la imaginación y al entendimiento cuando establece que la síntesis de la aprehensión debe conformarse a la síntesis intelectual.
Pero más allá de estos pasajes, Kant no enfatiza de manera suficiente esta conexión entre imaginación y espontaneidad a pesar de que tiene una importancia fundamental para comprender la función de la imaginación en el texto de la Crítica. En efecto, Kant atribuye a la imaginación una función sintética que tiene una estrecha relación con la espontaneidad del sujeto. El concepto de síntesis es central en la exposición de la Crítica, en tanto el conocimiento objetivo implica siempre un enlace sintético de representaciones. Kant presenta el acto de síntesis como una función de la espontaneidad del sujeto. La relación entre síntesis y espontaneidad es reiterada por Kant a lo largo de toda su exposición. No cabe duda de que ambos conceptos tienen un vínculo íntimo e indisoluble. Debido a la función de síntesis que Kant le atribuye, puede caracterizarse a la imaginación como una facultad que pertenece a la espontaneidad del conocimiento.
Sin embargo, Kant no siempre define explícitamente a la imaginación de esta manera. De hecho, Kant caracteriza a la imaginación de diferentes modos. Por un lado, la imaginación aparece como una facultad que reproduce el contenido de la intuición, según leyes empíricas de asociación. Por otro lado, la imaginación es caracterizada como una facultad que cumple una función transcendental. Por este motivo, resulta problemático establecer la compatibilidad entre estas diferentes maneras con que Kant presenta a la imaginación. Por ejemplo, no resulta evidente la compatibilidad entre las definiciones de la imaginación que se encuentran en la Deducción B. En principio, Kant define allí a la imaginación como "... la facultad de representar en la intuición un objeto aún sin la presencia de él." [B151] (3). Aislada de su contexto, esta definición puede llevarnos a pensar que la imaginación es una facultad que cumple la función de formar imágenes a partir de la reproducción de un material perceptivo anterior, sin necesidad de la presencia actual del objeto. Además, Kant también define a la imaginación como "...una facultad de determinar a priori la sensibilidad, y su síntesis de las intuiciones, de acuerdo con las categorías, debe ser la síntesis trascendental de la imaginación;..." [B152] (4). Según esta última definición, puede parecer que la imaginación cumple una función en relación con la sensibilidad. Kant afirma que por medio de la sensibilidad nos es dado el objeto. Por lo tanto, podría pensarse que, en este caso, es necesario que el objeto esté presente en la intuición para que la imaginación cumpla su función específica.
Como puede verse, las funciones que Kant atribuye a la imaginación en el texto de la Deducción B, aparentemente resultan incompatibles. Según la primera definición, puede interpretarse que la imaginación no cumple una función necesaria para la posibilidad del conocimiento de objetos. En cambio, en la segunda definición, la función de la imaginación parece relacionarse con el conocimiento empírico. Pero, puede interpretarse también que ambas definiciones expresan igualmente la espontaneidad de la imaginación. Según este carácter espontáneo, la función sintética de la imaginación depende del sujeto y no del objeto. Conforme a esta interpretación, la primera definición muestra que la imaginación produce en forma espontánea sus propias representaciones independientemente del objeto de la experiencia. En la segunda definición, la imaginación realiza espontáneamente una síntesis a priori sobre la multiplicidad de la intuición. Aunque esta síntesis se aplica a la sensibilidad, no depende del objeto. Por el contrario, el conocimiento del objeto tiene como condición de posibilidad la función transcendental de la imaginación.
Un estudio más completo nos permitiría concluir que todas las definiciones de la imaginación en el texto de la Crítica son compatibles entre sí, porque en ellas se expresa su función espontánea. Las definiciones de la imaginación se refieren siempre, implícita o explícitamente, a esa misma función espontánea de síntesis transcendental. Esta síntesis es una condición necesaria para el conocimiento de objetos. Aunque algunas definiciones se refieren directamente a la función reproductiva de la imaginación, que se funda en leyes empíricas de asociación de las representaciones, Kant siempre establece la necesidad de que la imaginación realice una síntesis transcendental.
En otras palabras, Kant intenta mostrar que el uso empírico de la imaginación debe fundamentarse en su uso transcendental. Por una parte, es cierto que la imaginación debe tener un uso empírico, es decir, debe aplicarse a un objeto de la experiencia posible. Por este motivo, Kant tiene que referirse a este uso empírico en algunas definiciones. Pero, por otra parte, este uso de la imaginación no es suficiente para un conocimiento válido de objetos, porque se funda en leyes empíricas que son particulares y contingentes. Por lo tanto, es necesario que el uso empírico de la imaginación se complemente con su uso transcendental. De acuerdo a este uso transcendental, la imaginación realiza una síntesis a priori que no depende de la experiencia, sino que es producida por la espontaneidad del sujeto. Esta síntesis, que se funda en reglas universales y necesarias expresadas en las categorías, es realizada de manera espontánea, pero siempre se refiere a un objeto de la experiencia. Esto significa que el uso empírico y el uso transcendental de la imaginación no se excluyen, sino que ambos son necesarios para el conocimiento. De esta manera, puede comprenderse que todas las definiciones de la imaginación en la Crítica resulten compatibles.
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