Editorial - Número 2, 2010 | Jaime López
En el momento de escribir esta Editorial, dos acontecimientos de singular importancia enmarcan este número. Ambos van más allá de su contenido y ameritan que sean tenidos en cuenta. En primer lugar, la presencia en nuestra Facultad de una figura histórica de la psicología académica como es Jerome Bruner. Fue en plena época del reinado del conductismo, donde con audacia y juventud planteó la llamada "nueva mirada" o "new look", dándole presencia al sujeto en el acto perceptual. Asimismo, junto a George Miller fundó el Centro de Estudios Cognitivos en la Universidad de Harvard, brindado un espaldarazo al estudio de los procesos y estructuras mentales, tan marginados por el clima comportamental. Siempre creativo e innovador, fue más allá del modelo computacional del procesamiento de información, proponiendo la construcción del significado y hoy en día despliega la llamada Psicología Cultural donde le da primacía a la narrativa y a la construcción de relatos en sus estudios aplicados al derecho en la Universidad de Harvard. Es una lástima que por su recargada agenda no fue posible entrevistarlo. De todos modos, con sus jóvenes 95 años, ha honrado a esta ciudad con su visita al Congreso Internacional que organizara la Facultad de Psicología recientemente.
El otro acontecimiento es la muerte sorpresiva, o no, del ex presidente Néstor Kirchner. Si bien esta es una revista centrada en lo académico y en la difusión de la producción psicológica, el fallecimiento de una figura que detentaba un gran poder en el país no es un dato menor. Fue un personaje polémico. Despertó muchas pasiones de todo tipo y poca o ninguna indiferencia. Tal vez su particular personalidad es la que motiva la tentación a hablar de él, ya que fue una clase de político que dio mucho trabajo a los colegas del mundo Psi. No hubo revista o diario especializado en temas políticos que no tuvieran un colega psicólogo, psiquiatra o psicoanalista opinando sobre su particular forma de comportarse en el poder. Lo mismo sucedía con la manera en que trataba a un cuerpo que "gritaba" a través de crisis en su sistema cardiovascular o gástrico. Los más acostumbrados a los nomencladores lo clasificaban con el rótulo de "personalidad de tipo A". Los otros describían estructuras, estilos vinculares, formas de hacer lazos, etc. Pero en general destacaban la dificultad que poseía de poder encontrar un límite al fantasma que organizaba sus pasiones políticas. La impresión que queda es que su forma de hacer política y lo que ella "encarnaba" de su ser sujeto deseante, retornó desde lo real como límite en el cuerpo.
Más allá de los acontecimientos arriba relatados, este octavo número trae varios artículos de colegas extranjeros que generosamente han permitido su publicación. Donna Bentolila de los Estados Unidos, muestra, como "rara avis" la influencia del psicoanálisis francés en el país del norte, dando un indicio de que no es verdad que los estudios psicoanalíticos, en esa región, están refugiados en las Escuelas de Letras o Centros de Estudios Franceses. Por otro lado, John Quinteros y Patricia Vargas Espitia, ámbos de Colombia, entregan sus producciones logradas a partir de la concurrencia a la Maestría en Psicoanálisis de la Universidad J. Kennedy de la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, de Brasil Marcelo Ricardo Pereira colabora con un trabajo sobre victimización en la niñez. Completan valiosamente este número un nutrido conjunto de profesionales de reconocida trayectoria de Buenos Aires, Mar del Plata, Paraná y de la ciudad de Rosario.
Jaime López
Director


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