La inminencia y actualidad del trauma | Donna E. Bentolila

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La palabra 'TRAUMA' deriva del griego y se refiere a una herida invasiva. De este modo el concepto alude a un acto de violencia perpetrado desde afuera sobre el sujeto.
Al usar este término, Freud no sólo lo transpone de la medicina al plano psíquico, sino que lo provee de tres significaciones particulares. Por ejemplo, Laplanche y Pontalis (1967), sugieren que para Freud el truma..."connota un shock violento, una ruptura o desgarramiento del escudo, las barreras protectoras, y las consecuencias de ese shock y sus efectos invasivos sobre la organización psíquica como un todo". (465-459)

En "Eléments pour une Enciclopédie de la Psychanalyse", encontramos el siguiente comentario respecto al término: ..."se puede proponer una distinción entre "traumático", como el acontecimiento exterior que puede acontecerle al sujeto, y "trauma" como los efectos que estos acontecimientos tienen sobre el sujeto"(1993, 456-457). Con el tiempo, veremos que el acento referido a la significación del trauma, será enmarcado por Freud en referencia al modelo energético de la mente. Sin duda esto se desprende, al darse cuenta que las experiencias traumáticas deben su fuerza patógena a las cantidades excesivas de exitación que desprenden, desatan, y que el aparato psíquico humano, es incapaz de manejar o procesar totalmente.

Sabemos que en el principio de su teorización de la histeria, Freud fue llevado a postular un acontecimiento exterior que le sucede al sujeto, como yaciendo en la raíz de la neurosis y a su vez explicándola. El trauma en cuestión era la seducción inflingida en el niño por un adulto, generalmente el padre. Para ser más específico, Freud creía que de lo que se trataba era de una experiencia sexual prematura, que había sorprendido al sujeto. Sin embargo, como sabemnos, luego cambia su manera de pensar arribando a otra verdad - la cual al principio inquietante -, lo conduce a abandonar su "teoría de la seducción" y a articular sus ahora famosas palabras a Fliess: "Ya no creo en mi neurótica" (Carta, set.21, 1897).

El caso de Emma, discutido en el "Proyecto de una Psicología Científica" (1895), le revela a Freud justamente cuan engañosamente la denuncia de la seducción paterna, escondía la demanda invertida de ser el objeto sobre el cual fuera dirigido el deseo del padre. Esto inauguró el reemplazo de su teoría de la neurosis, su neurótica, por la teoría de la fantasía, un paso que como sabemos, culminó en su concesión teórica a la primacía del Complejo de Edipo. Sea como fuera, y se ha escrito mucho respecto a este tópico, digamos que Freud realmente nunca parece haber dejado de lado la importancia del trauma, proponiéndo que en la base..."de cada caso de neurosis de transferencia, yace una neurosis traumática" (Citado por Barrois 1985, 249). Además, lo que se me ocurre como paradigmático aquí, son las elaboraciones de Freud sobre este tema presentadas en "Más allá del principio del placer" (1920). Ahí hay una doble maniobra teórica, un doble paso de cuestiones que tienen lugar aquí en relación a la cuestión del trauma, como Heinrich señala en su libro "Borde S de la neurosis" (1993, pág.30). Porque recordamos que fue en este texto que Freud trata la cuestión de la neurosis traumática especulando sobre el significado y la economìa subjetiva de los sueños repetitivos y traumáticos. Por lo tanto, mientras Freud comienza por darle al trauma un lugar accidental, concluye elevando el concepto a una posición estructural y fundacional. Por supuesto me estoy refiriendo a las observaciones paradigmáticas de Freud apoyadas en el juego del Fort/Da de su nieto. El niño necesita renunciar al instinto, es decir, la renuncia de cierto goce de la madre, que es a la vez fundacional y traumática. Traumática en el sentido en que es un corte respecto al Otro primordial, interrumpir de ocupar un lugar especial para el Otro materno; fundacional en tanto el Fort/Da ahora permite el nacimiento del sujeto deseante y fuerza al niño a entrar al universo del lenguaje, sustituyendo el objeto original con las palabras que ahora lo nombrarán.

Desde este punto de vista, podemos entender "trauma" como un suceso inevitable que todo ser humano debe atravesar, como el precio que pagamos para entrar al universo simbólico. Como hace mucho tiempo denunciaban Ferenczi y Rank, la separación de la figura de la madre se erige como un suceso primordial y necesario en el camino del desarrollo psíquico y la madurez. De este modo con Freud, podemos localizar el trauma en este tiempo primordial de renunciación instintual.

En esta lectura, y siguiendo la línea de razonamiento de Heinrich, podríamos decir que este estadío primordial de renuncia instintual inaugura la posibilidad de la neurosis. El Fort/Da considerado como un segundo estadío, cuando el niño juega en orden de hacer que las cosas aparezcan y desaparezcan, ya está por supuesto en el nacimiento del lenguaje. Pero debemos advertir que lo que es primario en este juego es precisamente el "fort", ausencia, que es la que permitirá al sujeto subjetivar la ausencia de la madre, abriendo la senda del significante y dando nacimiento a lo que podríamos considerar como "confianza en el lenguaje". (Esto está ejemplarizado en la obra de Erikson y de Didier Weill). Una confianza que nunca debe dejar de estar relacionada con el rol jugado por el Otro primordial en su capacidad - o falta de ella -, de metabolizar una y otra vez, cada una y todas las experiencias de separación que el niño debe vivir.

Las experiencias iniciales y repetidas en las cuales el Otro falló, fue incapaz, no estuvo disponible, dispuesto, complaciente para ayudar a metabolizar estas necesarias experiencias de separación, ayudarían a explicar los factores que muy a menudo actúan como combustible para las conductas "acting-out", de esos pacientes que parecen siempre vivir al borde del abismo, en el borde de abandonar el tratamiento y de salirse de la escena del mundo.

Este tipo de pacientes tienen predilección por escenas que muestran una desconfianza en el poder del significante. En estos casos, en lugar del síntoma, los lapsus o los sueños que los representa con sus traumas, la cuestión se vuelve más en un "ponerlo en la escena". Otra característica de estos individuos es que ellos narran experiencias infantiles profundamente traumáticas, que son diferentes de las que uno típicamente escucha. Su narrativa, las historias que cuentan parecen intocadas, ya sea por el tiempo, o por el significante.

Ese tipo de pacientes, típicamente diagnosticados como "border-lines" y que sufren de desórdenes de la personalidad, parecen compartir tres características. De acuerdo con Heinrich (1993,p.11), tienen dificultades en establecer la transferencia; 2º los traumas infantiles que sufrieron fallaron en sucumbir a la represión y 3º, y como resultado de las dos anteriores, son propensos en comprometerse en lo que podríamos denominar "acting-outs, en conductas autodestructivas".

Si consideramos una de las últimas definiciones de Freud sobre el trauma, la que nos provee en "Moisés y el Monoteísmo" (1938, p.72) donde afirma: "damos el nombre de traumas a esas impresiones, experienciadas tempranamente y luego olvidadas, a las cuales les otorgamos mucha importancia en la etiología de la neurosis", como sostiene Heinrich, podemos plantear una importante y significante diferencia entre dos tipos de pacientes.
Podemos hablar de Neurosis en instancias en las cuales el trauma ha sido reprimido, en donde ha habido trauma y represión del trauma con el consecuente retorno de lo reprimido a través de las Formaciones del Inc.

Recordemos que la teoría de Freud de la histeria, afirmaba que los síntomas histéricos eran vástagos de un trauma sufrido durante la infancia, que luego había sido reprimido. La posición de Freud era que a pesar de la represión, el trauma podía ser recordado en análisis, abriendo el camino hacia su tratamiento y cura. Aunque cuando Freud descarta su primera teoría del trauma y abandona la teoría de la seducción a favor de la de la fantasía, encontramos que, en ambos casos, ya sea el trauma o la fantasía, caen bajo la represión.

Por otra parte, podemos plantear otro tipo de pacientes que sugieren la existencia del trauma no reprimido, trauma que los deja expuestos a una permanente, presente actualidad, más cerca de conductas impulsivas y como consecuencia con dificultades para entrar en transferencia.

Es poco probable que lo que es traumático esté simple o solamente relacionado a la severidad del acontecimiento traumático en sí mismo, sino más bien a la manera en que el Otro primordial respondió, descuidando o abandonando al sujeto en un tiempo fundacional de la subjetividad del niño. De este modo podemos decir que lo que es traumático para Freud, no es tanto la experiencia en sí misma - en cuanto como hemos visto esta experiencia es fundacional de la subjetividad humana y de la sexualidad humana. Sino más bien la posibilidad que el sujeto tenga de metabolizarla, simbolizarla y eventualmente, reprimirla. Lo que constituye un obstáculo para este pasaje, lo que hace difícil para el niño simbolizar la experiencia traumática, sería como dijimos, la manera en que respondiera el Otro primordial. Esta manera puede ser leída "après-coup" en las marcas traumáticas dejadas en el cuerpo, en el psiquismo, en las conductas y en los gestos autodestructivos. Esta "manera" en la cual el Otro primordial responde, es necesariamente traumática para el sujeto en los casos en que el Otro respondió de una manera ilimitada o falta de censura, donde la integridad de la mente o el cuerpo del niño no fueron respetados.

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