Problemática educativa y salud mental | Horacio Belgich
| Referencia |
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| Jornadas: 'Derecho a la Educación y a la Salud en Argentina y América Latina. Hacia la construcción de ciudadanía'. 7 y 8 de Mayo de 2010. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Rosario. |
Es para mí interesante abordar un cruzamiento específico entre la problemática educativa y la de salud mental. Esta elección está justificada por la creciente violencia que se disemina en las escuelas argentinas, y mi intención es aportar con esta reflexión a revelar aspectos que promocionen salud desde el ámbito educativo.
Por ello es necesario describir nuestro tiempo. Pues a este tiempo histórico social lo caracteriza un conjunto de deslizamientos tecnológicos, ideológicos y culturales. Las sociedades actuales han configurado un imaginario social cuyos sentidos interpelan de manera plena a las concepciones de la diferencia y las diferencias, Hoy asistimos al surgimiento de movimientos sociales que visibilizan lo que antes -hace pocos años- permanecía invisibilizado, pensemos en las nuevas identidades de género, en las integraciones escolares de niños con discapacidad; así, como lo explicita el pensador Tzvetan Todorov, "las diferencias no desaparecen, sólo se desplazan".
Estas diferencias desplazadas son indicadores de otras visibilidades e inclusiones sociales, sin embargo, hay diferencias que de manera permanente son excluidas, como lo han sido históricamente, nos referimos a las exclusiones que se justifican por las condiciones socio-económicas.
Si reconocemos situaciones de violentamientos, quiero abocarme a otro reconocimiento, el de las patologías que se despliegan en nuestro tiempo, y que afectan a niños y niñas de esta época.
Partimos de la crisis en nuestra sociedad en tanto la dimensión simbólica del nosotros se resquebraja, de acuerdo a C. Castoriadis. Sin embargo habría que agregar que además de esa violencia, hay otro signo de época, y éste es la precarización a la que estamos sometidos.
Esa precarización es un indicador privilegiado de la inestabilidad subjetiva que provoca la inermidad de las existencias. Y esa se traduce con frecuencia en los ataques de pánico, un síntoma propio de nuestra época. La relación que tenemos con el presente, y aún más con el futuro es incierta. Nuestras subjetividades se hallan forzadas, precarizadas, y muchas veces se sostienen con ansiolíticos y analgésicos. Nos encontramos, además, en un tiempo de transformaciones profundas de las instituciones. Ya no hablamos de la familia, sí de las familias, ni tampoco de la sexualidad, sí de las sexualidades. La tecnología nos permite hoy hablar de que los intercambios informativos se han acelerado de manera exponencial. Y sus consecuencias son "un efecto patológico en la mente humana individual y, con mayor razón, en la colectiva"(1). Y ello va acompañado por otro indicador de esta época, los vínculos fluidos, inestables e inasibles(2). Lo que perduraba como vinculación entre los sujetos, hoy se ha vuelto altamente inestable.
Estos nuevos procesos de subjetivación con sus cambios psíquicos implican patologización, pues por la aceleración de intercambios informativos, por esa sobrecarga, "hoy las patologías de alcance epidémico son de carácter psicótico - pánico. La hiperestimulación de la atención reduce la capacidad de interpretación secuencial crítica y el tiempo disponible para la elaboración emocional del otro, del cuerpo y del discurso del otro, que trata de ser comprendido sin lograrlo"(3). Y ello significa estar advertidos, en el modo en que las subjetividades construyen modos de sentir desear y pensar en nuestro tiempo.
Reflexionemos, además, que los flujos informáticos veloces y que generan agresividad reemplazan cada vez más al contacto corporal - afectivo. Pues hay una relación íntima entre la creciente desatención de la subjetividad de las nuevas generaciones y la velocidad de exposición de esas subjetividades a los mensajes videoelectrónicos Parece que ser hoy rivalizantes hoy en la consideración de una masa de datos que circulan, es necesario, y ello produce saturación de la atención.
Dejamos atrás los tiempos estables y previsibles de la modernidad para dar paso a un tiempo dónde la comunicación está enrarecida por sobrecarga. Veamos estos datos: en Argentina los chicos de 6 a 17 años se encuentran, promedio, tres horas diarias frente al televisor. Por otro lado, en Europa se planteó un debate acerca de que los gobiernos autoricen o no la continuidad de la emisión de canales de t.v. para niños de 0 a 3 años(4). Pues algunos funcionarios que se resisten a ello piensan que reciben más palabras del aparato que de sus progenitores.
Dice Berardi "lenguaje y sociabilidad siempre han estado mediados por la afectividad, por la seguridad y el placer que proviene del cuerpo de la madre, en las últimas generaciones el cuerpo de la madre ha sido sustraído separado y alejado del cuerpo del niño -por su inclusión en el mercado laboral-... La emoción y la palabra tienden a escindirse en esa situación... Las emociones sin palabras alimentan la psicopatía y la violencia. No se comunica, no se dice... Se arremete, se estalla" (5).
Nos hallamos en verdad en un clima social y con frecuencia institucional escolar donde es necesaria la presencia viva del otro, del semejante, para prevenir aquel estallido; pues si consideramos a esta presencia tan necesaria, lo es desde lo que nos dice S. Rolnyk: "sería esta presencia fuerte y variable de la alteridad en tu propio cuerpo, en tu propia subjetividad"(6). Esta presencia del otro en uno mismo se logra a partir de un trabajo puntual, donde el reconocimiento de los propios afectos es también una tarea educativa, y por lo tanto de prevención de violencia escolar, y se contrapone a aquella escisión entre las palabras y la emoción. Los enseñantes podrían intervenir institucionalmente en los grupos escolares cuando hay episodios protagonizados por alumnos en el marco de "problemas de conducta", de una manera preventiva, pues muchas veces esas dificultades tienen como origen la falta de palabras, la no expresión de afectos que se revelan en actos, en estallidos. En suma es necesario trabajar grupalmente la convivencia entre niños-as, entre niños-as y adultos. (7)
La presencia del otro es una presencia discontinuada, y se la percibe rivalizante, por lo tanto la subjetividad se fragiliza, y es fuertemente reactiva, temerosa frente del otro. También encontramos que las diferencias se perciben como peligrosas. Se instituyen grupos escolares donde el otro diferente, ya sea por múltiples aspectos ( clase social, raza, capacidades), se transforma en blanco de ataques, ya sea simbólicos y en ocasiones, físicos. ¿Son necesarias estas intervenciones institucionales preventivas en estos momentos históricos donde la presencia del otro con su diferencia se vuelve peligrosa y hay fuerte rivalidad? Creemos que sí. Porque pasamos de un modo disciplinario a otro modo paradigmático, propio de la actual era conectiva; y en ésta, "no se trata de patologías de la supresión, sino de patologías del just do it"(8).
Este es el lema de la marca Nike; y significa sólo hazlo. Acto, sólo acto sin reflexividad, sin responsabilidad de las consecuencias del acto. Con ello podemos acercarnos a un análisis de la causa de ciertas conductas de adolescentes contemporáneos cuando matan, o bien revelan una compulsión destructiva, por ejemplo incendiando el cabello de una profesora, o más gravemente aún, cuando hieren con armas a sus compañeros y en ocasiones los matan, como hemos visto ocurrió en una escuela argentina, o en otros episodios.(9)
La percepción de la presencia vital del otro, con su singularidad, sus afectos, nos dice de un sujeto ético. Así, según Silvia Bleichmar, "el sujeto disciplinado no coincide con el sujeto ético... sobre el tema de los límites yo dije que no hay que discutir ya sobre los límites, sino sobre las legalidades que constituyen al sujeto"(10).
La construcción de esa legalidad, en este caso, en los grupos escolares, es un trabajo de prevención, porque de acuerdo a la autora, el sujeto ético, no es el sujeto obediente, disciplinado, sino que es aquel que toma al otro como semejante; es decir, lo instala en una igualación a partir de su singularidad y diferencia. Y el otro se convierte en su semejante cuando puede escucharlo, pero para ello se necesitan ambos de espacios de expresión. Esos espacios pueden ser instituidos, en tanto si comprendemos que educar es encontrar al otro, puede ser un hallazgo curativo y educativo.
Dice Berardi: "En el horizonte de la generación videoelectrónica aparece una necesidad de terapia. ¿Cómo construir posibilidades de intercambio que reactiven la ternura, el reconocimiento, y la afectiva y circulación discursiva? ¿Cómo construir espacios de trabajo creativos en los pliegues de la vida precarizada?"(12).
Notas
- Berardi, Franco; La generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Tinta Limón. Bs. As. 2008. p.177.
- Bauman Zyegmund; Amor líquido: acerca de la fragmentación de los vínculos humanos. México. F.C.E. 2005.
- Berardi; Franco; Idem. p. 223.
- Murduchowicz; Roxana;"Un acto cada vez más privado" Diario Página 12. Bs. As. 31-8-08.
- Berardi; Franco; Idem. pp. 192-193.
- Rolnik; Suely; "Sostenerse en la fragilidad más allá de toda erudición". Revista Campo Grupal. Nº 79. p.3.
- Muchos niños no pueden aprender, no se sienten capaces ni reconocidos en sus posibilidades, son violentos sobre sus compañeros y sobre sí mismo en busca de ese reconocimiento de sus capacidades, en tanto un poder familiar y / o institucional puede convertirse en un poder ejercido por la pasión triste, y ese poder lo embarga. Quiero decir, se halla separado de lo que puede. Si pudiera encontrarse con sus potencias, a partir de adaptaciones de acceso al conocimiento, con los encuentros necesarios para que pueda comprender ese contenido que sí puede interpretar, conocer, simbolizar, podría disminuirse su violencia.
- Berardi; Franco; Idem. p.219.
- Un joven adolescente, que abandono la escuela tempranamente- y que adoptó la profesión de su padre, la de jardinero, opta por robar; así, por la confianza de una clienta, entra a su casa y la mata; con el dinero obtenido compra zapatillas de marca, que no abandona en ningún momento; ya judicializada su situación, las utiliza en todo momento, no se desprende de ellas. Aquí encontramos un episodio que ejemplifica el sólo hazlo, en la ilusión de las no consecuencias del acto, y también podemos reconocer la pertenencia que oferta la marca del producto en un contexto capitalista, en este caso, las zapatillas. (Relato aportado por el Ps. Ramiro Elías).
- Bleichmar; Silvia; Conferencia: Cuando hablás está menos oscuro. "Homenaje a Silvia Bleichmar" La Gaceta. Colegio de Psicólogos, 2º circunscripción. Rosario. Pcia. de Santa Fe. Argentina. Publicado en el diario Página 12 el 23-8-07. Bs. As.
- Berardi; op. cit. pg. 193.
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